El martirio de la luna de Bani Hásim, Abul-Fadl Al-Abbás (P)

Lo que sigue es parte del libro La Epopeya de Ashura escrito por Huseyn Ansarián traducido por Yafar Raúl Gonzáles Bórnez que ha sido seleccionado por Shafaqna.

El martirio de la luna de Bani Hásim, Abul-Fadl Al-Abbás (P)

Otro de los trágicos acontecimientos de Karbalá es el martirio de Al-Abbás (a.s.), llamado La luna de Bani Háshim.
Amir al-Muminín (a.s.) le dijo a su hermano Aqíl, que era un buen conocedor de la genealogía de los árabes:

“Quiero que me busques una esposa amante del hogar, experta en la economía doméstica y valiente para que me dé hijos valientes y fuertes que luchen en Karbalá.” Aqíl eligió a Fátima al-Kulábiyah, conocida como Umm ul-Banín, que le dio cuatro hijos a Amir al-Muminín: Abbás, la luna de los Banu Háshim, Abdellah, Yafar y Uzmán.(1)

Cuando la Luna de los Banu Háshim vio que la mayoría de los auxiliares del Imam habían caído mártires, les dijo a sus hermanos:

“¡Oh hijos de mi madre! ¡Id a la batalla! ¡Que vea yo vuestra disposición a defender la causa de Dios y de Su Mensajero! ¡Vosotros que sois tan jóvenes y que no tenéis hijos, apresuraos a acudir al combate! ¡Doy mi vida por vosotros! ¡Defender a vuestro señor hasta la muerte!”
Todos ellos entraron en combate con entusiasmo y fueron mártires.(2) Describiendo la posición espiritual de Al-Abbás se ha dicho:

“Era un ser lleno de virtudes, sabio, creyente, asceta,docto en las leyes y temeroso de Dios.”(3)
Se relató que le llamaron “La luna de los Banu Háshim”por su rostro resplandeciente de la espiritualidad heredada de tres soles luminosos, su padre Amir al-Muminín Ali y sus hermanos Hasan y Husain(P). También fue llamado Bab ul-Hawá’igh, la puerta de la satisfacción de las necesidades, porque todo el que tenía un problema recurría a él y él se lo solucionaba. Fue también fue conocido por muchos otros apelativos, tales como: el mártir, Siervo del Recto, Saqqan, Al-Mustayár, Jefe del Ejército, Al-Hámí, Al-Musaffa y Ad-Dígam. Sheyj Sadúq, Dios esté complacido de él, en la obra Al-Jisál recoge que Imam Zayn ul-‘Abidín (a.s.) dijo:

“¡Que Dios tenga misericordia de mi tío Al-Abbás que se sacrificó combatiendo heroicamente por su hermano hasta que le cortaron los brazos. ¡Qué Dios, Poderoso y Majestuoso, le recompense con dos alas a cambio, con las que pueda volar en el Paraíso!” Y el noble Imam As-Sayyad (a.s.) dijo:

“En verdad, Al-Abbás, ante Dios, bendecido y ensalzado sea, posee una morada que todos los mártires envidiarán el Día del Juicio Final.”(4) Y el Imam As-Sádiq (a.s.) dijo:

“Nuestro tío Al-Abbás (a.s.) era un ser de visión espiritual y sólida fe que combatió junto a su hermano Al-Huseyn contra sus enemigos con valentía y heroísmo y que murió mártir.”(5) Debido a su grandeza, Sheyj Al-Mufíd, la misericordia de Dios sea con él, escribió:
“La tarde de Tású’a, el noveno día del mes de Muharram de año sesenta y uno de la hégira, cuando ‘Umar ibn Sa’ad dio la orden de atacar el campamento de Imam Huseyn, (a.s.), el Imam estaba sentado junto a las tiendas con la cabeza descansando sobre sus rodillas. Dormía cuando la noble Zaynab Al-Kubra (a.s.) dio un grito y, acercándose a su hermano, dijo:
“¡Oh Husain querido! ¿No oyes los gritos de los enemigos que se acercan?”
El Imam Husain (P) levantó su cabeza y dijo:
“¡Hermana! Acabo de ver al Profeta (s.) en mi sueño y me ha dicho que voy hacia él.”
Zaynab (a.s.) se golpeó el rostro con las manos y comenzó a lamentarse. Imam Husain (P) le dijo:
“¡Hermana! ¡No llores ni te lamentes!”
La luna de los Banu Háshim (a.s.) dijo:
“¡Hermano! ¡El ejército enemigo viene contra ti!” El Imam se dirigió a su hermano, el noble Al-Abbás, con estas palabras:

“¡Oh hermano! ¡Doy mi vida por ti! Monta en tu caballo y ve hacia los enemigos y diles: “¿Qué queréis y que pretendéis? Si puedes, consigue una tregua para esta noche y emplázales al combate para mañana, de manera que podamos dedicar la noche a orar a nuestro Señor, a realizar súplicas y a pedir Su perdón, pues Dios sabe con certeza que yo amo la oración, la recitación del Sagrado Corán, las súplicas y la búsqueda de Su perdón.”(6) Viendo la manera como el Imam Huseyn, se dirige a su hermano Al-Abbás (a.s.) al comienzo de estas palabras, diciendo:

“¡Doy mi vida por ti! podemos comprender la alta posición que el Imam le concedía!
El hermano de la madre del noble Al-Abbás (P) que era un miembro, aunque de poca importancia, de la corte de los enemigos, creyendo hacer un favor a los hijos de su hermana, obtuvo una carta de perdón para ellos y la envió con un mensajero a Karbalá.
El noble Al-Abbás (P) le dijo al mensajero:
“Ve y dile al hermano de mi madre que la seguridad que Dios nos ofrece es más deseable para nosotros.”
Cuando Shimr se acercó por la parte trasera de las tiendas y llamó a Al-Abbás y a sus hermanos, estos no respondieron. Entonces, el Imam Husain (P) dijo:
“¡Oh Abbás querido! No le dejéis sin respuesta, aunque sea un desviado. “
Así que salieron y le dijeron: “¿Qué quieres?” Él dijo:
“todos vosotros estáis a salvo y nadie os hará daño.”
Los cuatro hermanos le respondieron: “¡Que Dios te maldiga y maldiga la seguridad que nos ofreces!

¿Crees que vamos a aceptar salvarnos mientras el hijo del Mensajero de Dios no esté a salvo?”(7)

Alamah Maylesí, escribió en la obra Bihár al-Anwár:
“Cuando él noble Al-Abbás (P) vio la soledad en tierra extranjera del Imam Husain (P) se acercó a él y le dijo estas palabras:

“¡Oh hermano! ¿Me das permiso para entrar en combate?”
Al oír esas palabras el Imam comenzó a llorar amargamente, luego le dijo:

“¡Oh hermano! ¡Tú eres mi portaestandarte! Si tú te fueras, desaparecería quien nos aglutina y nuestro grupo se dispersaría!

Luego le dijo: “¡Oh Abbás mío! ¡Ve a buscar un poco de agua para estos niños!”
La luna de los Banu Háshim fue hacia el ejército enemigo para que le diesen un poco de agua, les amonestó y les previno contra el castigo divino, pero ellos no le hicieron caso.

Regresó hacia su hermano y escuchó como los niños se quejaban:

¡Tenemos sed! ¡Tenemos sed”.
Montó en su caballo, cogió su lanza y se echó una cantimplora de piel a la espalda. Embistió al enemigo y mató a ochenta de ellos antes de llegar a la orilla del río, dando con ello una muestra de su valentía y su disposición al martirio.

Al llegar al río tomó con la palma de su mano un poco de agua pero, al ir a beberla, recordó la sed que Al-Huseyn y los miembros de la familia del Profeta estaban sufriendo y se dijo:

“¡Juro por Dios que no beberé hasta que mi hermano Al-Husain y las mujeres y los niños puedan calmar su sed! ¡Jamás haría algo así!”
Llenó el pellejo de agua y lo colgó de su hombro derecho. Montó de nuevo y se dirigió hacia las tiendas pero los enemigos le rodearon por todos lados lanzándole flechas y lanzas.”(8)

Alamah Maylesí escribió también:
“Hasta el punto que su armadura llena de flechas parecía la espalda de un puercoespín. Zayn ibn Waraqá’ y Hakím ibn Tufayl se emboscaron tras unos troncos de palmera y le atacaron por sorpresa cortándole el brazo derecho.

Con rapidez, empuñó su espada con la mano izquierda, puso la cantimplora sobre su hombro izquierdo y recitó en voz alta:

Juro por Dios que habéis cortado mi mano derecha pero no dejaré de defender mi religión ni a un Imam que tiene la verdadera certeza Hijo del profeta puro y digno de crédito Nawfal Azraqí y Hakím ibn Tufayl le atacaron a traición y cortaron su brazo izquierdo. Entonces, Al-Abbas (P) gritó:

¡Oh alma mía! ¡No temas a los incrédulos! ¡Y alégrate de la misericordia del Creador! Tú estás siendo matado en defensa de la causa de Husain(P). Yo te anuncio la misericordia divina, no tengas la menor duda.
Pero en esa situación, todo su interés y felicidad residía en conseguir llevar agua al campamento y apenas prestaba atención al hecho de haber perdido sus dos manos. De pronto, una flecha atravesó la cantimplora y toda el agua se derramó. Otra flecha fue a clavarse en su pecho. Con una maza de hierro le golpearon en la cabeza y ya no pudo mantenerse en su montura. De lo alto del caballo cayó a tierra.

Lanzó un grito de auxilio a su hermano Husain(P):

¡Auxiliame!
Fue la primera vez en su vida que se dirigía al noble Imam Husain(P) llamándole hermano. El Imam acudió raudo a su llamada y le encontró tendido en el suelo, con sus dos manos cortadas, la cabeza abierta y el cuerpo hecho trizas. Gritó:

“¡Oh! ¡Ahora sí que han quebrado mi espalda! Han mermado mis recursos, cortado mis esperanzas. Mis enemigos se regocijan de mi desgracia. Tu dolor me mata.”
Los enemigos, al ver la llegada del Imam, huyeron. El Imam les gritó:

“¿A dónde escapáis si habéis matado a mi hermano?
¿A dónde escapáis si habéis destruido mis fuerzas?” Como habían cortado el cuerpo del noble Al-Abbás(P) en trozos, el Imam no pudo moverle. No subió a su montura. Se diría que no encontraba fuerzas. Tomó las riendas de su caballo y regresó caminando hacia las tiendas de su campamento.(9)
Cuando las mujeres y las hijas vieron que el Imam regresaba salieron a su encuentro pero, de todas, la noble Sukaina fue la primera en llegar a su lado, tomó las riendas de las manos de Imam y le dijo:

“¡Oh papaíto! ¿Tienes noticias de mi tío Al-Abbás? Él me ha prometido que me traería agua y no tiene costumbre de faltar a su promesa. ¡Oh padre! ¿Ha bebido agua él mismo?”
El Imam, al oír las palabras de su hija Sukaina no mudo impedir que las lágrimas acudieran a sus ojos.
Llorando, le dijo:
“¡Hija mía! ¡Han matado al Al-Abbás! Cuando la noble Zaynab (P) supo la noticia de la muerte de su hermano Al-Abbás(P), gritó:

“¡Oh hermano! ¡Oh Abbás! ¡Oh qué poca ayuda nos queda! ¡Oh que inútil esforzarse después de ti!”

Cuando el Imam llegó junto al noble Al-Abbás(P), se sentó a su lado, tomó su cabeza con sus manos, la colocó en su regazo y limpió la sangre de los ojos de Al-Abbás. A la Luna de los Banu Háshim todavía le quedaba un álito de vida. Con ese resto de vida que le quedaba tuvo fuerzas para llorar.
El Imam Huseyn (a.s.) le dijo:

“Por qué lloras ¡Oh Abu Al-Fadl!”
Él le respondió:

“¿Cómo no llorar ¡Oh hermano mío! ¡Oh luz de mis ojos! Has venido hacia mí y has tomado mi cabeza del suelo para ponerla en tu regazo. ¿Quién levantará la tuya dentro de un rato cuando te maten y quién limpiará el polvo de tu rostro con sus manos?” Tras esas palabras, el noble Al-Abbás(P) expiró su último aliento y alcanzó la noble posición del martirio.(10)

Notas

1-76- Ibn ‘Anbasah, ‘Umdat ut-Tálib, p. 356; Seyed Mohsen Amín, ‘A’yán Ash-Shi’ah, t. V, p. 430; Zanyání, Wasílat ad Daráyn, p. 264

2-Sheyj Abbás Qommí, Muntahá al-Âmál, t. II, p. 877; Dínawarí, Ajbár at-Tuwál, p. 257.

3-Mázandarání, Ma’álí as-Sibtayn, t. I, p. 436, sesión 20.

4-Sheyj Sadúq, Al-Jisál, p. 68, cap. II, hadíz 101.

5-Ibn ‘Anbasah, ‘Umdat ut-Tálib, p. 356; Mázandarání, Ma’álí as Sibtayn, t. I, p. 436, sesión 20; Zanyání, Wasílat ud-Dárayn, p. 267.

6-81- Sheyj Al-Mufíd, Kitáb al-Irshád, t. II, p. 91-89.

7-Sheyj Al-Mufíd, Kitáb Al-Irshad, t. II, p. 89; Maylesí, Bihár al Anwár, t. XLIV, p. 391, cap. 37; Abdellah Bahrání, ‘Awálim al-‘Ulúm, p. 242; Seyed Mohsen Amín, Lawáich al-Ashyán, p. 89; Zanyání, Wasílat ud-Dárayn, p. 271.

8-Alamah Maylesí, Bihár al-Anwár, t. XLV, p. 42-41, cap. 37.

9-Maylesí, Bihár al-Anwár, t. XLV, p. 42-41, cap. 37; Bahbahání, Dam’at us-Sákibah, t. IV, p. 324-323; Sheyj Abbás Qommí, Muntahá al-‘Amál, t. II, p. 885-881; Mázandarání, Ma’álí as-Sibtayn, t. I, p. 441-437, sesión 20; Zanyání, Wasílat ud-Dárayn, p. 273-272; Muqarram, Maqtal al-Huseyn, p. 270-269.

10-Mázandarání, Ma’álí as-Sibtayn, t. I, p. 443, sesión 20

Fuente: Shafaqna